“El Teatrillo”
Omito las actuales circunstancias tan cansinas como reales, que tantas penalidades de todo tipo vienen acarreando sin visos de una pronta vuelta a la normalidad que así denominábamos al tiempo anterior a su aparición.
Pero como expresa el acertado refrán de “cada uno acerca el ascua a su sardina” me referiré, en concreto, a la “desolada” situación de nuestro teatro que ha desaparecido como por mal encanto. Ni “Teatro Familiar”, ni las inigualables e insustituibles obras navideñas que desde tantos años se suben a la cartelera por estas pasadas fechas en los Teatros Salesianos.
¡Qué buenos recuerdos en el tiempo! producto de los “mayos”, que me gusta más que “abriles” sumados, que forman la historia de lo disfrutado y participado de la enseñanza del Teatro (siempre lo escribo con mayúsculas) en la pedagogía educativa y del método Preventivo que puso en práctica Don Bosco.
El mismo Don Bosco hizo también gran uso de las representaciones teatrales con fines educativos, como decimos, y como entretenimiento. Lo llamaba “El Teatrillo”, no solo por modestia sino para distinguir esta forma de entretenimiento educativo del Teatro y entretenimiento de los presentes.
Hizo uso del diálogo alegre, comunicativo y entorno educativo en la representación que el mismo escribió para sus jóvenes. Pequeñas obras como “La casa de la fortuna” y escenas sobre el sistema métrico, que se aprendía con ello, como excelente ejemplo.
El fin educativo del Teatro tal como lo concebía Don Bosco, está expresado con claridad en unas normas que escribió para él de las que no me despido de comentarlas.
Cuando contemplo nuestro Teatro de Huesca, su antigüedad, siempre en proceso de mejoras, al igual que la cantidad de ellos que existen por las Escuelas Salesianas, según nos dicen las crónicas de los respectivos lugares y de sus comienzos.
Las primeras representaciones en el Oratorio de Valdocco tuvieron lugar en el espacioso comedor del sótano de la iglesia de San Francisco de Sales hasta 1866, y después en la gran sala de estudio.
Como podéis suponer, Don Bosco no podía permitirse un Teatro o un salón de actos, pero si hay constancia de que el primer Teatro-salón de actos fue construido por Don Rua, primer sucesor de Don Bosco, en el año 1895. ¡Lo que hubiera dado (mejor pedido) para poderlo contemplar Don Bosco!
Con el paso del tiempo el Teatro sigue siendo asignatura educativa y práctica de un Arte, en el que alumnos y antiguos alumnos, “se atreven” a poner en escenas obras de todo género con inclusión de obras de importantes autores del arte escénico.
Me refiero a la obra de Darío Fo, “No hay ladrón que por bien no venga”, que disfrutamos en el ya lejano 15 de diciembre de 2019, dentro de la VI edición del Teatro Familiar.
Nos conformamos, pero no nos rendimos, porque “resistiremos” y se abrirá de nuevo el Telón, desde dentro para los impacientes actores, desde fuera, para ese público incondicional, fiel aficionado, para que todos unidos podamos pronto decir adiós para siempre: Hasta nunca “fiero y cruel” Covid19.
Que la fotografía que acompañamos de “No hay ladrón que por bien no venga” nos sirva de consuelo y alegría de pensar que el Teatro, el Teatro Salesiano, ¡¡¡VOLVERÁ!!!